Introducción

Existen pocos mitos tan fascinantes y tan extendidos por el mundo como el de los vampiros.
A diferencia de otros, todo el tiempo se está actualizando, adaptándose al cambio constante de la sociedad. Como su protagonista, este mito se niega a morir, y por lo visto, parece ser tan inmortal como la misma muerte. Desde siempre, la astrología ha abrevado en los mitos para dar cuenta de correspondencias muy significativas entre un particular argumento y las características adjudicadas a los signos, los planetas, o a la relación entre planetas. Ahora veremos las analogías existentes entre el mito vampírico y la dialéctica que puede darse entre Venus y Plutón; y en otro nivel, entre la polaridad Tauro/Escorpio. Y a fin de cuentas, descubrir qué es eso tan importante que estos seres de la noche quieren decirnos.

Probable nacimiento del mito

Hace miles de años, el ser humano era un competidor más (entre muchos otros) por los alimentos disponibles sobre la faz del planeta. La diferencia entre cazar y ser cazado era mínima. Acaso cuestión de suerte, instinto e inteligencia.
Seguramente, los felinos o los cánidos eran nuestra principal fuente de preocupación, sobre todo cuando caía la noche y teníamos que trepar a los árboles para protegernos. Más tarde, como cavernícolas, la oscuridad y las bestias “allá afuera”, suponían un terreno peligroso para la supervivencia no sólo del individuo sino de la especie (teniendo en cuenta que hace 300.000 años los humanos éramos muy escasos).
Sentados alrededor de una fogata y rodeados por tinieblas, los aullidos y los diversos ruidos de los seres nocturnos despertaban la imaginación de nuestros ancestros, creando ominosas y fascinantes historias. A la vez, seres terroríficos poblaban nuestros sueños (cosa que ha cambiado muy poco) despertando dramáticas sensaciones y oscuros sentimientos.

El miedo es el sentimiento que crea la figura del vampiro. Por eso, los deseos y los miedos más atávicos están condensados en esta figura: miedo a ser devorado, miedo a la muerte, miedo a los muertos, miedo a la oscuridad, deseo de devorar, deseo de inmortalidad, etc.
Es lógico pensar que, a fin de cuentas, el miedo de ser devorado tiene la misma carga psíquica que el deseo de devorar. Tanto el vampiro como su víctima viven dentro nuestro.
Por otro lado, la sangre siempre ha sido símbolo de la vida, mientras que su ausencia denota peligro de muerte. El temor a ser mordido por hombre o animal no sólo tiene que ver con la importancia concreta que tiene la sangre como fuente de vida, sino también con su valor simbólico.

La práctica de la antropofagia y de la hematofilia con fines rituales, ha sido muy extendida en todo el mundo. Aztecas, mayas, tribus amazónicas y africanas, entre muchas otras culturas, han hecho uso de ella. Beber la sangre del enemigo significaba incorporar su fortaleza, su valentía, y hasta poseer su espíritu. Pensemos que esto no es parte del incivilizado pasado; periódicamente nos enteramos de individuos mentalmente desequilibrados que actualizan el ritual; y nosotros, quizás para mantener nuestra cordura, atestamos las salas donde se proyectan las gastronómicas aventuras de Hannibal Lecter.

Durante el siglo XVIII se dio en Europa oriental una verdadera epidemia de vampiros que suscitó numerosos debates científicos y teológicos sobre el límite entre la vida y la muerte. Obras como el “Tratado sobre Vampiros” de Dom Calmet, “Cogitationes de Vampiris” de Johan Herenberg, o “Masticatione mortuorum in tumulis” de Michel Raufft y Phillipe Rherius, intentaron aportar conocimientos racionales acerca de las costumbres de los vampiros. La epidemia de sífilis que azotaba Europa en esos momentos (una enfermedad venérea, es decir, de Venus) también fue sospechosa de tener un origen vampírico.
Durante los ’80 y principios de los ’90 (en sincronía con el ingreso de Plutón en Escorpio en Noviembre de 1983), el tema del SIDA, la sangre y las formas de contagio preocupaban a toda la sociedad. Es una época en que se editan muchas obras y se estrenan numerosas películas y series de vampiros. (Buffy la cazavampiros, el Drácula de Coppola, Del crepúsculo al amanecer, Blade, Entrevista con el vampiro, etc.)

Lo que se juega en este mito es algo tan profundo como lo es la vida y la muerte... el misterio de la vida y el misterio de la muerte.
Descubrir que la vida sólo puede nutrirse de muerte, y que la muerte permite la vida y la creatividad, y que esto es lo más natural del mundo y condición “sine que non” de la existencia, es lo que nos enseña el eje Tauro/Escorpio.

Tauro y Escorpio

Luego del cosmogónico “Big Bang” de Aries, la desaceleración natural de la energía produce materia, y comienza un proceso de estabilización que crea mundos, con latentes posibilidades de vida. A partir de Einstein, podemos afirmar que la materia es energía que vibra a velocidades muy bajas. Y viceversa, la materia vibrando a altísimas velocidades se transforma en energía.
Tauro (primer signo de Tierra) traduce psicológicamente esta desaceleración e inercia con fines de materialización, como un deseo de acumulación y sustanciación; que más que un deseo es una verdadera necesidad. De ahí la inexorabilidad y la potencia del signo del toro. Las necesidades más primarias están representadas por este sector del Zodíaco.

Todo ser vivo debe incorporar a su organismo sustancias de otros organismos vivientes, cosa que en el ser humano se hace a través de la boca. Sigmund Freud descubre que la estructura más básica de la psiquis se forma en una etapa muy temprana, a la que llamó etapa oral.
Chupar, lamer, morder, cortar, arrancar, masticar y tragar son los pasos necesarios para incorporar biológicamente las sustancias que el organismo requiere. Esta incorporación implica un placer psicológico y físico que trasciende el mero hecho de la alimentación. Para ello las piezas dentarias son fundamentales, y en el caso de las especies carnívoras (como los humanos), se usan los incisivos y los caninos, cuya eficacia es de vital importancia en los predadores.
Todos estaremos de acuerdo que si de predadores se trata, el ser humano gana por varios cuerpos, ya que al estar en la cima de la cadena alimentaria, ninguna otra especie puede predarnos, salvo la nuestra… o la de algún ser sobrenatural.

Roger Caillois en su análisis del mito de la mantis religiosa relaciona la necesidad de alimentación con el placer sexual.
Marcel Roland, en un artículo donde define a la mantis como el felino de los insectos, escribe:
“La mantis religiosa mata al macho al aparearse y lo devora, hecho éste que ha impactado al hombre por su cercana relación al acto sexual humano. Los naturalistas reconocen en el insecto la forma extrema de la estrecha conexión que une con frecuencia la voluptuosidad sexual y la voluptuosidad nutritiva. En el hombre existe al menos una característica representativa de la conexión entre la nutrición y la sexualidad: la mordida de amor en el momento del coito. En el mito de Adán y Eva, es la mordida a la manzana el símbolo sexual del pecado original. Durante las relaciones sexuales de los protozoarios (en la base de la escala de los seres vivos) un organismo es completamente absorbido por el otro. El acoplamiento es en cualquiera de los casos una pérdida de inmortalidad, un factor profundo de muerte; es por ello que el estado que sigue a la satisfacción sexual completa se parece al fallecimiento y que en los seres inferiores la muerte sigue inmediatamente a la procreación.”

Desde el punto de vista de la matriz astrológica esto no es ninguna novedad. Permite trasladarnos desde Tauro hacia el misterioso Escorpio. De hecho, las costumbres nupciales de algunos escorpiones son similares a las de estos insectos: la hembra se come al macho luego de la cópula. El escorpión es un tipo de arácnido, y como tal, no puede estar genéticamente muy lejos de ese tipo de araña llamada “viuda negra”.
Alimentación y sexo son seguramente las fuerzas más poderosas que dominan a cualquier ser vivo, son pura manifestación de la naturaleza, como las tormentas y los terremotos.

Es sugerente notar que la vinculación entre nutrición, placer y muerte puede darse también cultural y geográficamente. En la ciudad de Buenos Aires, el cementerio de la Recoleta se encuentra rodeado de coquetos Cafés y restaurantes, centros de exposiciones de arte y de diseño. En París, el cementerio Picpus está pegado al “Viaducto de las Artes”, poblado de galerías de arte, locales de artesanías y distinguidos restaurantes. En Chicago, los restaurantes se enlazan frente al St. Adalbert Cemetery.

Escorpio (segundo signo de Agua) es la octava etapa en el eterno recorrido zodiacal. Simboliza el momento en que la “forma” surgida en Cáncer, y consciente en Libra de la existencia de un otro, intenta la fusión de los opuestos. Para que la fusión sea efectiva, cada uno de los participantes debe “morir” para que surja otra cosa. Esto que aparece no es igual a ninguno de los participantes, pero tampoco es totalmente distinto. Aquí la carga psíquica es mucho más pesada que en la etapa de Tauro. La sexualidad entendida escorpianamente (la “pequeña muerte” como llaman los franceses al orgasmo) se relaciona a un placer psíquico más que orgánico. En Tauro la sexualidad es instintiva, dirigida por la naturaleza para la conservación de la especie. En Escorpio se juegan los deseos ocultos, los anhelos inconfesables y las ansias de poder y dominación psicológica. El ego surgido en la etapa de Leo confronta en Escorpio con su propia sombra.
Cuanto más racional, luminosa e ilustrada sea la consciencia, la sombra aparecerá supersticiosa, oscura, monstruosa y hasta demoníaca.
Un escalofrío sorprende nuestro científico mundo, es el aliento del vampiro.

La pulsión sexual del vampiro va directo a la yugular de su víctima para saciarse. Se puede notar también la anatómica correlación existente entre la zona genital -que la tradición astrológica le adjudica a Escorpio- y la sensible zona de la garganta, regida por el signo de Tauro.

Venus y Plutón

Astronómicamente parece que no hay muchas semejanzas entre Venus y Plutón. Sin embargo podemos encontrar algunas analogías. Físicamente Venus está rodeado de una gruesa capa de nubes que impiden ver la superficie del planeta. No obstante, las sondas enviadas y el análisis de los radiotelescopios indican una frecuente actividad volcánica. Las sondas Venera 15 y 16 registraron la existencia de numerosos cráteres producidos por los volcanes. Además, son los únicos dos planetas del sistema solar que giran sobre su propio eje al revés que los demás. En Venus y en Plutón, el Sol sale por el oeste y se oculta por el este.
La ligadura entre ambos planetas es más profunda de lo que creemos.

Los vampiros han pasado por toda forma de representación: han sido hombres, mujeres, niñitos, ancianos, animales, alienígenas, dibujos animados y quien sabe que más.
Hay algunas mujeres que aspiran a ser “vampiresas”. Hollywood ha tenido mucho que ver con esto. Muchas se identifican con la “femme fatale” comedora de hombres. Se dedican desmayadamente al ocio y al placer, y de alguna manera han logrado modificar la imagen femenina dominada por la ideología machista. Puede que estas vampiresas de la vida real, sinteticen el aspecto Venus/Plutón desde el punto de vista del comportamiento social.

Detengámonos ahora en el análisis del aspecto entre ambos planetas, sin entrar en mayores detalles en cuanto al tipo de relación. A priori un aspecto duro (conjunción, cuadratura u oposición) generará una tensión mayor que un aspecto blando (trígono y sextil). A veces no es necesario que efectivamente estén aspectados. Una carta con preponderancia plutoniano/venusina también habilitará la temática Amor – Muerte.
La persona con esta estructura energética tiene dentro de sí a La Bella y a La Bestia. Lo delicado y lo intenso. La belleza y el horror. La entrega y el poder. Como con todo aspecto, el aprendizaje consiste en hacer una alquimia entre ellos.

Pero lo más habitual es quedarse en un polo y proyectar el otro, sobre todo en la oposición.
Identificada con Venus, la persona huye del “monstruo”, pero sistemáticamente tropieza y queda a su merced. (O huye de un monstruo para caer en los brazos de otro). Puede sentir que si se abre afectivamente puede ser destruida. Por eso le cuesta entregarse, aunque puede ser muy seductora. Tiene un doble movimiento: inconscientemente se abre ante lo que teme, pero esto es rechazado conscientemente. Vive la tragedia de anhelar algo que en el fondo no quiere que suceda.
Si la persona está identificada con Plutón, querría dominar y someter a alguien delicado y frágil. Se siente un monstruo, y le parece imposible que alguien pueda amarlo. Necesita descubrir su “fealdad” pero teme ser rechazado al hacerlo. Sería un gran avance para el lado plutoniano darse cuenta que esto revela su gran vulnerabilidad; como así también apreciar de qué modo el lado venusino manipula al “poderoso” desde la atracción y la seducción.
Para empezar a resolver esta dicotomía habría que investigar cómo las relaciones afectivas generan un juego de poder y un control mutuo. El camino de la transformación consiste en integrar el lado oscuro, cosa que en este caso sólo puede hacerse a través del vínculo amoroso. La sombra imposible de aceptar en uno es traída por el otro. El tema es descubrir que uno es más “monstruoso” de lo que creía… o más vulnerable, según donde esté posicionada la conciencia.

A fin de cuentas, amar implica morir.
Pero es el amor narcisista el que muere, pues un amor verdadero implica la transformación total de la vida. Este proceso transformador puede verse claramente en el “Drácula” de Coppola.
Mina Murray, la casta educadora victoriana, tropieza “accidentalmente” con las láminas de un libro similar al Kamasutra. Se ve ofendida y escandalizada por las imágenes, aunque su risa nerviosa junto con la de Lucy Westenra trasluce su fascinación por ellas. La intensidad, por decirlo de alguna manera, aún está muy lejos de su conciencia.
Tras su encuentro con el Príncipe Vlad (que si recuerdan, de Azul sólo tiene los lentes), Mina queda fascinada por su poder para dominar a las bestias, y con el corazón latiéndole fuerte se anima a acariciar insinuantemente el pelaje de un lobo salvaje. Ella ha hecho el primer contacto con su bestia interna.
Al final de la película, completamente vampirizada, primero besa y luego da muerte a su amado (aún con rasgos monstruosos) para así liberarlo de su insoportable inmortalidad. Ha comprendido su otro lado, no proyecta más, se ha transformado en una Venus – Plutón absoluta.
Vimos como el lado identificado con Venus va incorporando “dosis” cada vez mayores de Plutón hasta transformarse en Venus – Plutón.
El lado identificado con Plutón, Drácula, comienza como un desolado monstruo en un tenebroso castillo, reptando por los muros y sacrificando bebés. Venus ha quedado lejísimo de su conciencia.
Cuando Mina relata su visión (digamos, desde una vida pasada) del hogar natal del Conde, a éste se le nublan los ojos de la emoción. Ha conectado con un punto sensible en su alma. Al final, sólo el amor total consigue redimirlo (y transformarlo), entregándose y renunciando a su vida anterior como inmortal.
Ahora vemos que el lado identificado con Plutón va incorporando “dosis” cada vez mayores de Venus hasta transformarse en lo que siempre ha sido: Venus – Plutón.

Vlad Tepes

El irlandés Bram Stoker se basó en un personaje real para dar vida al célebre Conde transilvano.
Con el apellido Drácula figuran tres generaciones de nobles que gobernaron la zona de Valaquia durante el siglo XV y XVI, y que incursionaron en Transilvania, territorios que hoy pertenecen a la República de Rumania.

Quien nos interesa particularmente es Vlad III, llamado Draculea (hijo de Dracul, o hijo del diablo) y también llamado Tepes (empalador), por las crueles costumbres que tenía con sus derrotados enemigos. Aquel que tuviere la mala suerte de caer prisionero de Vlad, sufriría el tormento de ser empalado en vida con una estaca a través de su ano (zona escorpiana). El grabado muestra a Vlad almorzando o cenando tranquilamente (¿una escena taurina?) mientras contempla las hileras de enemigos empalados.

La palabra Drácula proviene de Draconis, dragón. Supuestamente le fue impuesta a Vlad II (su padre) por el emperador del Sacro Imperio Romano. Esta dinastía valaca formaba parte de la secta del Dragón, una secta cristiana comprometida en luchar contra los infieles turcos otomanos, que en esos momentos intentaban expandirse hacia occidente.
El entrecruzamiento de símbolos y significaciones ya se hace evidente entre Escorpio, la serpiente, Drácula, el dragón y Plutón.

Algunos críticos sostienen que el mensaje entrelíneas que existe en la novela de Stoker tiene que ver con mostrar que la civilización se impone a la barbarie (justificando al imperialismo británico), de la misma manera en que la rígida moral victoriana lo hace sobre los lúbricos vampiros y vampiresas.
Antes de la publicación de “Drácula” muchos relatos de vampiros habían pasado tanto por la imprenta como por el boca a boca.
A partir de antiguas leyendas, los románticos del siglo XIX rescataron con su pluma a estos seres de la noche: Sheridan Le Fanú con “Carmillia”, Gastón Leroux con “La máquina de asesinar”, John Polidori con “El vampiro”, James Rymer con “Varney el vampiro”.
Éste último, por ejemplo, tenía un aspecto ominoso. “Nosferatu” (1922) está basado en el personaje de Rymer. En este film expresionista del alemán Murnau, el Conde Orlock fue interpretado por Max Schreck, y es considerado una clásico del cine.
En cambio, la figura del Drácula de Stoker es mucho más estilizada. Y así lo han inmortalizado Bela Lugosi y Cristopher Lee.
La estética draculiana ha dejado atrás las monstruosidades para presentarse más venusinamente, como un sex-symbol romántico y ardiente. El vampiro es un aristócrata, casi un play-boy.
Los vampiros que llegaron más tarde a la pantalla grande continúan acentuando este acercamiento entre Venus y Plutón. El “Drácula” de Francis Ford Coppola de 1992 es esencialmente una historia de amor. El subtítulo del film reza “El amor nunca muere”.
En 1994 se estrena “Entrevista con el Vampiro”, Lestat, Louis y Armand son encarnados por Tom Cruise, Brad Pitt y Antonio Banderas ¡los vampiros más bonitos de la historia! Inclusive por su sensibilidad estética y afectiva, Louis (Brad Pitt) tiene mucho más de Venus que de Plutón, es difícil imaginarlo como un abyecto “monstruo” nocturno.
Los artistas han generado un vampiro con capacidad de amar porque la sociedad tal vez así lo necesita. Digámoslo de esta manera: los surcos arquetípicos del inconsciente colectivo buscan nuevas formas de resolución (como arquetipos más integrados). Ahora nos damos cuenta que el monstruo no es tan horrible como en la Edad Media, y la belleza no es tan inocente y pura.

Drácula

Es difícil saber la fecha exacta de la publicación de Drácula por el irlandés Bram Stoker. Algunos investigadores señalan que fue en Junio de 1897, otros durante la tercer semana de Mayo, en una modesta edición de Archibald Constable & Company, y con un tiraje de 3000 ejemplares.
Pero para apreciar el “clima” astral de esos momentos no será necesaria la exactitud con que es preciso trabajar habitualmente. Sólo analizaremos el nivel celeste, sin las casas. Ver carta astral de la primera edición de Drácula.
Moviéndonos entre el período de estas dos hipotéticas cartas, lo primero que podemos apreciar es el stellium en Géminis, habilitando un tiempo maduro para todo lo que tiene que ver con las publicaciones, la comunicación y la literatura.
Pero lo más interesante de ver es la conjunción entre el Sol y Plutón, con un orbe amplio o más acotado según el caso. Por este factor ya estaríamos ante una obra “plutoniana”, muy consonante con el tema que nos ocupa. Para la humanidad, la obra literaria “Drácula” nace en ese momento. Como decía Carl Gustav Jung: “todo lo que nace en un momento dado tiene las características de ese momento en particular”.
Pero eso no es todo, Venus se encuentra dignificado en Tauro, en cuadratura a Marte (co-regente de Escorpio) en Leo. Saturno y Urano están en Escorpio. La temática amor-deseo-poder-sexo-muerte, etc. está presente en el argumento del libro, en el mito del vampiro y en el cielo del momento.
Me pareció interesante también investigar acerca de la carta de Bram Stoker y la del verdadero Drácula, pero los datos son insuficientes. El “vampirólogo” Roberto Coria me comentaba:

“Ni siquiera Barbara Belford, la mejor biógrafa de Stoker, acota en sus obras (“Bram Stoker and the man who was Dracula”, “Bram Stoker”, etc.) la hora exacta de su nacimiento, que ocurrió el 8 de noviembre de 1847 en Clontarf, Irlanda.
Sucede lo mismo con el voivoda Vlad Dracula. Raymond McNally y Radu Florescu, ambos antropólogos y autores de las mejores investigaciones sobre esta figura histórica (“In search of Dracula”, “Dracula: A biography of Vlad the impaler”, etc.), señalan que su nacimiento sucedió en algún momento de 1431, aparentemente en Tirgoviste, capital de Valaquia (la actual Transilvania), sin poder especificar siquiera el día o mes.”

Sin embargo, es significativa la posición de los planetas personales de Bram Stoker: Sol y Luna en Escorpio, Marte en Tauro y Venus en Libra.

Otra interesante carta para analizar puede ser la de el actor Bela Lugosi, no sólo porque fue el intérprete más famoso del Conde, sino porque en su vida se mezcló dramáticamente la ficción y la realidad. Al final, murió creyendo que era Drácula.
Algunas biografías señalan que nació en Hungría, pero según la base de datos de www.thenewage.com nació el 20 de Octubre de 1882 en Lugoj, Rumania, a las 3:30 PM - LMT (TU:14:02:24).
Lo que primero llama la atención es que su carta tiene similar domificación que la de la noche en Suiza de Polidori, Byron y Shelley, inclusive con la misma posición de la Luna.
Venus es preponderante en la carta, como planeta más elevado y como dispositor del Sol. Tiene cuatro planetas entre casa VII y VIII y el Sol en Libra. Venus hace además una oposición muy abierta a Plutón, situado en la cúspide de la III.

Lugosi tuvo una vida con altibajos, comenzó como un actor teatral en Hungría. Exiliado a causa de la primera guerra mundial, se traslada a los Estados Unidos y luego de unos años llega a actuar en Broadway, Nueva York, y salta a la fama mundial con el film “Drácula” de Todd Browning en 1931.
A partir de ese momento jamás podrá separarse de su personaje, con el correr del tiempo actuará en películas cada vez peores. Adicto a la morfina, estaba convencido que era realmente un vampiro. Había nacido muy cerca de la tierra del Conde y fue enterrado con su traje de Drácula y su capa negra forrada de satén rojo. Era el 16 de Agosto de 1956. Acaso su Ascendente en Piscis lo transformó en una especie de “Zelig”, al mimetizarse con el personaje mítico que habitaba en su interior. Con ese Venus, Lugosi inmortalizó el prototipo draculiano con el “look” aristocrático que fue tantas veces copiado en obras posteriores.

Si relocalizamos su carta a la ciudad de Nueva York, lugar donde triunfó a partir de su caracterización; nos queda un Ascendente a los 29º de Escorpio, Casa XII en Escorpio, Venus en I y Plutón en VII. Aquí tendríamos algunos de los factores necesarios como para considerarlo poseedor de lo que ya podríamos llamar el “síndrome del vampiro”, es decir polaridad plutoniana, y una significativa ligadura (aspecto mayor y en casas angulares) entre Venus y Plutón.

El “síndrome del Vampiro”

Al iniciar este trabajo tan sólo me proponía investigar las posibles relaciones entre el mito y algunos factores astrológicos. Pero al desarrollarlo se me hizo evidente con mucha fuerza, el terrible e incontrolable poder que anida en toda persona que posea el “síndrome del vampiro”.
Como decíamos antes, la dialéctica entre Venus y Plutón parte de la misma matriz de la astrología, y en un sentido amplio nos compete a todos como humanidad. Por eso, esto se transforma en un mito, que luego es constantemente actualizado y resignificado.
Pero para ciertas personas el mito es mucho más inmediato, pues no hace falta que vayan al cine para sentirlo latir en su interior o para verlo actuar en su vida diaria. Acaso gracias al libre albedrío, será vivido como un remedio o una enfermedad, será el veneno o su antídoto.

Seguramente hay mucho todavía para investigar, los aspectos de Venus y Plutón en sinastría son muy significativos.
Sería un error pensar que la persona que pone su Plutón sobre el Venus de la otra será como el vampiro con su víctima, pues primero habría que analizar cada carta exhaustivamente. Estamos comparando un planeta personal con uno transpersonal. Plutón está muy lejos de ambas consciencias. El encuentro se habrá dado para que los dos integrantes de la relación trabajen en conjunto ese aspecto en particular: el vínculo será absolutamente vital y transformador… o totalmente destructivo.

Como dice el profesor Abraham Van Helsing en el “Drácula” de Stoker:

“¡Ah, si esa criatura procediera de Dios y no del Demonio, cuanto bien podría hacer en este mundo nuestro!”.

Alejandro Christian Luna ©2004

Bibliografía
Cao, José Luis: “Drácula y el misterio de los vampiros”. Editorial Mito-Logos.
Carutti, Eugenio: Apuntes de 2º y 3º Año de Casa XI.
Cirlot, Juan Eduardo: “Diccionario de símbolos”. Ediciones Siruela.
Franklin, Anna: “El tarot del círculo sagrado”. Edaf Editora.
Idemon, Richard: “Astrología de las Relaciones”. Editorial Urano.
Stoker, Bram: “Drácula”. Editorial Bruguera.
Tompkins, Sue: “Los aspectos en astrología”. Ediciones Obelisco.

Selección literaria sobre vampiros
King, Stephen: “La hora del vampiro”. Plaza y Janés Editora.
Matheson, Richard: “Soy leyenda”. Editorial Minotauro.
Maupassant, Guy: “El horla”. Alianza Cien.
Nodier, Charles: “Infernaliana”. Valdemar Ediciones.
Polidori, John William: “El vampiro”. Historias fantásticas Duende. Editorial Mosaico.
Rice, Anne: “Entrevista con el vampiro”. Ediciones B.

Selección fílmica sobre vampiros
Entrevista con el vampiro. Warner. 1994. Neil Jordan.
Drácula. Culumbia. 1992. Francis Ford Coppola.
La danza de los vampiros. Metro. 1967. Roman Polanski.
Nosferatu. Prana. 1922. Gustav Murnau.
Nosferatu el vampiro. 1979. Werner Herzog.

Este trabajo fue presentado originalmente en el VIII Encuentro entre Astrólogos,
en Buenos Aires, Junio de 2004.

http://astrotranspersonal.com.ar/vampiros1.htm